jueves, 8 de septiembre de 2016

Lo político en Koltés


Koltés se encuentra en un momento histórico muy particular, momento histórico que a mi juicio es justo el que da inicio al lugar metafísico en el que nos encontramos hoy. Koltés vivió en carne propia, la avasalladora (y nefasta) entrada de la posmodernidad hacia el campo sociocultural. Él fue parte de un proyecto político mayor, militante comunista y partícipe del Mayo Francés, creyó en algún momento en la política y su efervescencia que prometía los nuevos amaneceres a sus seguidores. De igual manera, vio como el proyecto por la comunidad se iba estrellando con algo mucho mayor que la comunidad: la fuerza del individualismo. Y fue así como dejó de militar cuando la URSS invade Afganistán. Y fue así como despreció su nacionalidad al saber que con sus impuestos mantenían campañas militares que colonizaban África. El asco hacia la humanidad no es difícil de justificar en su vida. No olvidar por lo demás su condición de homosexual y el seropositivo que acabó con su vida. Encontramos a un autor que no se siente a lugar en su tierra, y al igual que Zucco "quiere viajar al África bajo la nieve porque se va a morir", que del amor hablen los creyentes, y de la patria los adeptos, pero dejemos a Koltés cuestionar los dogmas y acabar con los axiomas. 

Lo político en Koltés no se concentra en las izquierdas y derechas, ni en hablar del pueblo y erguir el pecho al exclamar por la justicia, lo político se encuentra en lo cotidiano y en su constante putrefacción. Creemos en el sentido, creemos en el proyecto y su devenir, pero para Koltés no son más que mentiras que nos inventamos para digerir el mundo. Y al final del día, en ese momento en que no es ni de día ni de noche, donde los buenos y los malos no se encuentran en vigilia, hay que escuchar el cantar de los pájaros, hay que escuchar el silencio de su vuelo.

Ahora, pensemos sobre la marginalidad

"Los que eran vistos bailando se les consideraba locos por aquellos que no podían escuchar la música" - Friederich Nietzché


 Los mundos que construye el autor,siempre  hablan desde el margen, pero no sólo como se entiende
cotidianamente y sobre todo como los medios de comunicación la han hecho entender (como un sinónimo asquerosamente fascista asociado a la pobreza y la decadencia), sino desde el lugar apartado de la moral. En el texto de Clément Rosset "Lejos de mí, un estudio sobre la identidad" (http://www.rogerioa.com/resources/P%C3%B3s/Lejos-de-mi.pdf), se percibe esta idea de ruptura hacia el yo individual disociado del social. Se postula el yo social como única expresión del yo, ya que este yo está condenado a definirse a sí mismo en relación con los otros. Cuando se da el ejemplo de la película de Hitchcook queda clara la forma en que la percepción individual hacia un fenómeno se ve cuestionada por la percepción social. Cabe destacar la definición que da Foucault hacia el sujeto, desde el "estar sujeto hacia un grupo social. Es en todo este entramado donde entra la figura de Roberto Zucco. Roberto Zucco es un outsider, es el discurso de la otredad mordiendo los tobillos a la normalidad. Zucco, tan sólo por ser él, por dar cabida a su yo social, desestabiliza completamente los parámetros de la norma impuesta, tan sólo hace falta su "presencia identitaria" para remecer los cimientos que Hobbes en su contrato busca establecer. Más aún, Zucco es capaz de remecer en aquellos espacio en los que se da de por sí esta desobediencia a la norma. En el capítulo "Justo antes de morir" de Roberto Zucco, se muestra un lugar en el que la violencia se respira como acto cotidiano, donde los personajes que aparecen son del margen moral, e incluso ahí, Zucco comete un atentado hacia "las reglas", él busca la violencia por la violencia, sin ningún fin que parezca justificado. En este sentido, aparece de alguna manera la imagen del "loco" nietzcheano (no la el superhombre, ya que el superhombre tiene un proyecto, busca un fin a sus actos):  
http://www.psi.uba.ar/academica/carrerasdegrado/psicologia/sitios_catedras/electivas/096_problemas_filosoficos/material/nietzsche_loco_en_la_gaya_scienza.pdf 
Pero nuevamente con la particularidad koltesiana (si se me permite la expresión): no es importante la locura del loco, sino hasta donde es capaz de llegar con sus actos, y eso es lo que hace que el loco sea un loco, lo que hace que el loco sea un rey.

Sobre la violencia en Koltés


En el texto de Alejandro Brutón "El universo amenazante de Koltés" (https://harlanmagazine.com/2015/03/26/el-universo-amenazante-de-koltes/), se plantea la violencia en Koltés desde la perspectiva inherente al ser humano,mencionando los postulados de Hobbes en búsqueda de establecer paralelismos entre la forma en que Koltés percibe las interacciones humanas, y la que el filósofo contractualista lo hace. En un primer orden, afirmaría que sí, resulta evidente en los comienzos de la teoría hobbesiana la relación directa que hay entre el francés y el inglés (por muy paradójico que sea eso para la historia), sobre todo sobre la concepción que se tiene casi esencialista hacia los sujetos: el impulso primitivo del humano es la de su satisfacción de deseos; el humano es egoísta por naturaleza. Sin embargo, ya diagnosticado el asunto, es donde surge la primera diferencia (radical a mí gusto), que tiene que ver con la respuesta política que se le da: con la interferencia del Leviatán, Hobbes apunta a un contrato social; Koltés todo lo contrario. A Koltés no le interesa hacer política en los términos coloquiales, no le interesa hablar sobre un grupo de personas que creen en un proyecto en común, sino radicalmente lo contrario, devela como cada individuo, sea en la situación que sea, en el (des)orden social que se encuentre, deja escapar aquello que lo hace homo (animal) antes que sapiens, aquel arranque brutal que te entrega la lucha por el deseo. Hobbes entrega una respuesta, a Koltés no le interesan las respuestas, porque el sinsentido no requiere de respuestas, "y eso hace que los pájaros canten, lo que hace que los pájaros rían".